Alergia al pollo en perros: Mito o realidad generalizada
Muchos dueños culpan inmediatamente al pollo de las alergias de sus perros. Averigua qué tan común es realmente y cómo diagnosticarlo.
El villano favorito de las alergias alimentarias
Llega un perro rascándose a Vetmas, y lo primero que el dueño nos dice es: "Ya le quité el pollo de la dieta porque le da alergia, pero se sigue rascando". Se ha creado una especie de histeria colectiva de que el pollo es inherentemente malo o alergénico para los perros.
La verdad estadística
Las alergias a los alimentos representan solo entre el 10% y el 15% de todas las alergias en perros (el 80% restante son alergias ambientales como el polen, los ácaros del polvo o la saliva de la pulga). De ese 10% que sí sufre de alergias alimentarias, la mayoría es alérgica a la proteína de origen animal a la que han estado expuestos durante más tiempo en su vida. Como el pollo y la carne de res son los ingredientes más comunes en los concentrados comerciales, lógicamente son los alérgenos alimentarios más estadísticamente probables, pero no significa que el pollo sea malo por naturaleza.
El error de cambiar de marca
Si cambias el concentrado de pollo a uno de cordero o salmón, pero el perro se sigue rascando, es muy probable que el problema no sea la comida, sino una alergia ambiental (atopia).
El diagnóstico correcto: La Dieta de Eliminación
No existen pruebas de sangre o de pelo precisas para detectar alergias alimentarias en perros (la mayoría son estafas). La única forma científica de probarlo es dar una dieta estricta de proteína hidrolizada (prescrita por el veterinario) durante 8 a 10 semanas, sin dar ni un solo premio o migaja adicional. Si el rascado desaparece, confirmamos la alergia alimentaria.