Enfermedades estacionales en mascotas y cómo prevenirlas
Cada clima trae consigo riesgos específicos para la salud de las mascotas. Conoce las principales patologías de verano e invierno y cómo anticiparte a ellas.
El clima como desencadenante de patologías
Los cambios en la temperatura, la humedad y las condiciones ambientales favorecen la aparición de diferentes problemas de salud en perros y gatos a lo largo del año. Conocer qué enfermedades son más prevalentes en cada estación es clave para implementar medidas preventivas efectivas y proteger la salud a largo plazo de nuestra mascota.
Riesgos específicos de la época estival
El verano es la época de mayor riesgo de infestaciones parasitarias. Las pulgas y garrapatas no solo causan molestia, sino que transmiten enfermedades graves como Ehrlichiosis o Babesiosis. Además, la proliferación de mosquitos eleva el riesgo de Leishmaniosis y el gusano del corazón (Dirofilaria). Otros riesgos incluyen golpes de calor, quemaduras en almohadillas y espigas clavadas en oídos y piel.
Patologías comunes en invierno
Las bajas temperaturas invernales predisponen a enfermedades respiratorias, siendo la más conocida en perros la "tos de las perreras" (traqueobronquitis infecciosa), altamente contagiosa. Además, el frío intenso agrava considerablemente los síntomas de las enfermedades articulares, como la osteoartritis y la artrosis, causando mayor rigidez y dolor, especialmente en animales de edad avanzada.
La humedad ambiental y la dermatología
En estaciones de transición con alta humedad y lluvias frecuentes, proliferan los problemas dermatológicos y otológicos. La humedad acumulada en el pelaje y los oídos de razas predispuestas favorece el sobrecrecimiento de levaduras (Malassezia) y bacterias, desencadenando otitis y dermatitis que requieren tratamiento veterinario prolongado.
Plan preventivo anual
La mejor estrategia contra las enfermedades estacionales es mantener una comunicación estrecha con el veterinario. Un plan de medicina preventiva sólido incluye el cumplimiento del calendario de vacunación, una desparasitación interna y externa rigurosa y adaptada a cada estación, y chequeos geriátricos anuales o semestrales para monitorizar y tratar a tiempo el dolor articular en épocas de frío.