Enfermedades hepáticas y el cambio hacia una dieta especializada
El hígado es la fábrica química del cuerpo. Cuando falla, el soporte nutricional específico es vital para promover la regeneración celular y evitar crisis metabólicas.
Apoyo nutricional para la regeneración
El hígado tiene una asombrosa capacidad de regeneración, pero requiere bloques de construcción nutricionales específicos y un ambiente metabólicamente favorable. En pacientes con enfermedad hepática crónica, el objetivo dietético es mantener el equilibrio nutricional evitando la sobrecarga metabólica y minimizando la producción de toxinas (como el amoníaco) que pueden desencadenar encefalopatía hepática.
Control de proteínas y cobre
En casos de insuficiencia hepática severa o derivaciones portosistémicas, las dietas deben contener proteínas altamente digeribles, frecuentemente de origen lácteo o vegetal (soja), que generan menos amoníaco residual durante el metabolismo. Además, ciertas enfermedades hepáticas implican una acumulación anormal de cobre en los hepatocitos. En estos casos, las dietas medicadas se formulan con niveles severamente restringidos de cobre y se suplementan con zinc para bloquear su absorción intestinal.
Antioxidantes y factores lipotrópicos
Las dietas hepáticas clínicas están enriquecidas con altas dosis de antioxidantes como la vitamina E y la S-Adenosil Metionina (SAMe), que elevan los niveles de glutatión y protegen a los hepatocitos del daño oxidativo severo. También contienen compuestos como colina, esenciales para el transporte adecuado de las grasas y prevención de la lipidosis hepática.